Inseguridad

Lourdes Sanz

¿Por qué dudamos de nosotros mismos?

Un sentimiento que comúnmente preocupa a las personas en su vida cotidiana es el sentimiento de inseguridad. En general, este sentimiento se atribuye a tener baja autoestima y, por lo mismo, dudar de las propias capacidades y decisiones.

En un mundo pragmáticamente orientado, cada vez se nos exige más, y nos exigimos a nosotros mismos, contar con la certeza de que nuestros esfuerzos conducirán a obtener de ciertos logros.  Si bien esto aplica en algunos ámbitos de producción, como en una empresa, o en cálculos de ciencias exactas, resulta imposible en todos los demás ámbitos de la vida, ¿cómo podemos medir si nuestra vida ha tenido un buen resultado o no?

Limitaciones y vulnerabilidad

En esencia, las personas estamos limitadas, indeterminadas e incompletas: no podemos saberlo todo, no podemos decirlo todo, no podemos hacerlo todo, no podemos serlo todo. Estamos limitados en todos los sentidos.

Estas limitaciones normalmente se consideran un defecto a ser eliminado, sin embargo, lejos de ser un problema, son precisamente lo que nos permite descubrir nuestra propia identidad. Los límites dan cuenta de desde dónde y hasta dónde llegamos, es decir, nos permiten delimitar quién sí somos y quién no somos, pues, de otra forma, si todos pudiéramos hacer lo mismo, ¿cómo nos diferenciaríamos unos de otros?

Como ejemplo de lo anterior, consideremos que nuestra piel limita nuestro cuerpo y contiene nuestros órganos. Si elimináramos el límite que ejerce, es decir, si nos “quitáramos” la piel ¡qué caos ocasionaríamos en nuestro cuerpo! Perderíamos nuestra forma, nuestros órganos no estarían acomodados y no podrían ejercer sus funciones adecuadamente, estaríamos expuestos a más enfermedades e infecciones, no tendríamos capacidad de movimiento y nuestro cuerpo dejaría de ser un vehículo para vivir la vida y desenvolvernos en el mundo.

Los límites nos permiten ser nosotros mismos al marcan aquello a lo que podemos acceder; sin embargo, al mismo tiempo, nos indican aquello a lo que no podemos acceder, esto es, nos revelan áreas de vulnerabilidad: toda una gama de situaciones frente a las cuales no podemos responder y nos hacen sentir inseguros.

Vínculos sociales

Reconocer la propia vulnerabilidad en una cuestión grave y difícil de aceptar, por ello nos escudamos en insistir en la falta de límites sin darnos cuenta que, con ello, también sacrificamos nuestra individualidad.

Freud explica que conformamos una vida en sociedad precisamente para contrarrestar la vulnerabilidad individual. El tener limitaciones y ser frágiles nos preocupa hasta cierto punto solamente, pues al vivir en comunidad, confiamos en que podemos contar con el apoyo y protección de otros.

Por ejemplo, al inicio de nuestra vida, contamos con nuestros padres, quienes nos protegen, orientan y suplen nuestra vulnerabilidad asegurando nuestro bienestar.

Conforme la vida avanza, aprendemos que si seguimos las normas sociales y legales, contaremos con el apoyo y protección de la sociedad. Entonces depositamos toda nuestra seguridad en algo o alguien externo a nosotros, confiando en que podrá resolver nuestros problemas si nos adecuamos a sus demandas.

Individualidad

La fórmula anterior da resultado durante un tiempo y en tanto se aplique a generalidades, pero resulta insuficiente cuando se trata de decisiones personales como, por ejemplo, la elección de una pareja, de un trabajo, de una formación profesional o del rumbo que deseamos dar a nuestra vida.

Es entonces cuando, acostumbrados a contar con la guía de alguien más, recurrimos a los demás en búsqueda de consejo y orientación, en búsqueda de respuestas. Queremos seguir lo que los demás nos aconsejen para, de esta forma, sentirnos seguros, protegidos; sin embargo, los consejos o puntos de vista de otras personas en muchas ocasiones nos resultan ajenos: algo falta, algo no está claro, algo no nos satisface.

Al tratar de explicar nuestro dilema y nuestro sentir, descubrimos que aun las cuestiones más insignificantes conducen a diversas interpretaciones y malos entendidos. Esto ocurre porque nuestro lenguaje es “equivoco” y no “unívoco”. Cada expresión, cada palabra, puede ser entendida de muy diversas formas.

Pensemos por ejemplo, cuando una persona relata haber pasado sus vacaciones en un lugar tranquilo. Cada uno de sus oyentes imaginará un sitio distinto basado en su propia idea de tranquilidad: habrá quien piense que estuvo en la playa, habrá quien piense que fue al campo, habrá quien imagine que lo pasó en casa leyendo un buen libro, habrá quien suponga que asistió a un concierto…y así habrá tantas interpretaciones como personas escuchen el relato.

Lo anterior sucede en todas las situaciones de la vida, y si bien en algunas el equívoco no tiene consecuencias importantes, en muchas otras sí las tiene y ello nos provoca conflictos en ocasiones incluso graves.

Miedo a la soledad e inseguridad

Descubrimos entonces nuestra diferencia. Nos damos cuenta de que sentimos y pensamos de una manera singular y que nuestra individualidad reclama la expresión de lo propio. En ocasiones este descubrimiento, si bien nos conduce a una introspección y un reconocimiento de nosotros mismos, también genera cierta frustración.

Nos da miedo que, por ser diferentes, no seamos capaces de pertenecer a los grupos sociales, de contar con amigos o pareja, de formar parte de una comunidad o peor aún, sentimos que si no nos ajustamos a la visión de los otros, seremos rechazados.

Se apodera de nosotros el miedo a la soledad el cual se agrava si, como mencionamos antes, nuestra seguridad está depositada en nuestros vínculos con los demás. En este sentido, quedarnos solos es quedarnos desprotegidos.

Nuestra inseguridad tiene entonces dos aristas. La primera se refiere a la inseguridad frente a nuestras propias decisiones. Nos sentimos inseguros de cuál es la decisión que debemos tomar, pues creemos que debemos adaptarla a los deseos de los demás para ser aceptados y pertenecer al grupo.

La segunda se refiere a la pérdida de la protección que sentimos que recibimos de los demás si tomamos decisiones con las que otros no coincidan, y ello provoca su rechazo. Al quedar apartados de los demás, quedamos vulnerables, expuestos, y por tanto caemos en la inseguridad.

Nos debatimos entre ser nosotros mismos y buscar la manera de ser aceptados y amados por los demás. La elección no es fácil. En ocasiones resulta tentador “cambiar” la individualidad por la “aceptación” y protección de los demás, no obstante, aun cuando se renunciara a ser uno mismo, la adaptación total no sólo no es deseable, sino tampoco posible.

El descubrimiento de nuestras limitaciones, nuestra diferencia y nuestra individualidad nos pone frente a la responsabilidad de asumirnos a nosotros mismos y atrevernos a emprender nuestro propio camino, compartiendo con los demás y no dependiendo de los demás.

¿Dudas, comentarios, sugerencias? Escribe a lourdessanz@psicoanalisis-mexico.com

 

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