Identidad e identificación

Lourdes Sanz

En el artículo “¿Con quién te identificas?” hicimos una revisión somera del concepto de “identificación” asociado al lenguaje cotidiano. Igualmente, abordamos el proceso de construcción de la identificación primaria.  En el presente artículo abordaremos el tema en relación a la vinculación de la identificación con la identidad del sujeto y revisaremos los modos de identificación que Freud propone en su enseñanza.

El concepto de identificación está asociado con su raíz “identidad”, en este sentido se dice que la identidad o identificación, es aquello a través de lo cual las personas conciben una imagen consistente de sí mismo, basada en su conducta, creencias e historia.

A partir de esta concepción se han desarrollado una serie de posturas: algunas se enfocan en que las personas descubran su propia identidad, como si fuese algo ajeno, otorgado previamente por algo o alguien más a cada persona. En el otro extremo están quienes afirman que tal imagen de sí mismo es construida por cada persona y por tanto puede escribirse y reescribirse indiscriminadamente.

Como hemos establecido en el artículo intitulado “¿Con quién te identificas?”, en psicoanálisis, la identificación no es algo estático, sino un proceso. Expliquemos a partir de la definición de este concepto que ofrece el diccionario de psicoanálisis de Laplanche y Pontalis.

En esta definición se establece que la identificación es un “proceso mediante el cual un sujeto asimila un aspecto, una propiedad, (o) un atributo de otro y se transforma, total o parcialmente, sobre el modelo de éste…”  Es decir, lo que ocurre es que un sujeto percibe una característica en otro sujeto que le resulta admirable o conveniente.

Cabe aclarar que la percepción de esta característica se lleva a cabo a nivel inconsciente y es desde ahí donde resulta de alguna manera atractiva. Lo que sucede entonces es que el sujeto en cuestión asume como suya tal característica, al hacerlo, se produce un cambio en él. 

Freud nos enseña que la identificación es inconsciente, es decir, no depende de una decisión explícita e intencional de la persona, sino que se da, sin que nos demos cuenta del proceso. Este cambio imperceptible al inicio para el sujeto puede tener múltiples repercusiones, sin que ello necesariamente tenga alguna connotación negativa.  La identificación afecta la propia imagen de si mismo, en ocasiones puede vivirse como algo extraño o inconsistente con lo que se pensaba de uno mismo.

Volviendo a las posturas que analizábamos al inicio de este apartado, podemos afirmar que para el psicoanálisis, la identificación no es algo estático, sino dinámico, como expresamos, un proceso, pero es importante añadir que este proceso no se da en forma azarosa o a voluntad, sino que ocurre a nivel inconsciente. 

Finalicemos esta sección aclarando que cuando se toma la decisión, intencional, de imitar a alguien o aprender de cierta persona, los cambios derivados de esta decisión abierta, no sorprenden al sujeto, como sí ocurre con la identificación como proceso a nivel inconsciente.

Modos de identificación.

Existen tres modos de identificación de acuerdo con la enseñanza de Freud:

En primer lugar está la identificación primera que hemos descrito en el apartado anterior. Este modo de identificación parte del enlace afectivo con los otros significativos. Lo que ocurre es que ese otro significativo especial que hemos denominado “Otro Omnipotente” a lo largo de nuestros artículos, se toma como ideal y se convierte en un modelo a seguir.

Así pues, la persona busca imitar lo que ese Otro Omnipotente hace, desea ser igual que él o ella, replicarle. Esta situación es fácil de observar en los pequeños que se enorgullecen de comportarse como sus padres, portar sus ropas o jugar a realizar lo que observan que ellos realizan. En la etapa adolescente, podemos también confirmar cómo los jóvenes van deshaciéndose de sus modelos parentales para adoptar como modelo alguna otra persona que ocupa en esos momentos el sitio de Otro Omnipotente.

Un segundo modo de identificación es cuando lo que se busca es replicar a quien el Otro Omnipotente ama o admira.  Lo que se busca no es parecerse a ese Otro Omnipotente del cual se desea aprobación y cariño, sino que el sujeto se enfoca en detectar quién es la persona que este Otro Omnipotente aprueba, y tratar de ser como esa persona, para recibir la aprobación y cariño del Otro Omnipotente.

En esta forma de identificación el sujeto pretende destituir a la persona que tiene actualmente el cariño y aprobación del Otro Omnipotente y por esa razón, con cierta frecuencia se acompaña de un sentimiento de culpa, sobre todo si a quién se busca destituir es una persona amada o cercana.

La tercera forma de identificación que Freud señala es la que ocurre entre personas que no tienen relación directa, en ocasiones ni siquiera se conocen o conviven. La identificación entre estos grupos de personas se da con base en una cierta simpatía o afinidad que se propaga como una especie de contagio entre los sujetos implicados.

Este tipo de identificación ocurre en situaciones grupales, comunitarias o “de masa” como puede ser en un evento de celebración o deportivo; en las manifestaciones de inconformidades sociales tales como marchas, etc., entre grupos que persiguen intereses o fines comunes, etc. Esta forma de identificación se limita a cierto rasgo y normalmente tiene una duración definida.

Sea cual sea la forma mediante la cual el sujeto construya sus identificaciones, éstas marcan su sentir y su actuar. El psicoanálisis permite comprender las identificaciones detrás de los sentimientos y acciones, de manera que el sujeto pueda tomar opciones más claras sobre la manera de lidiar con este aspecto de sí mismo.

 

Mayo 2013

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